
Bueno, ya me he estrenado con el
CSW. Y con un comienzo más bien curioso… Este año se han acreditado algunos miles de organizaciones para seguir el proceso de la CSW. Como suele pasar en Naciones Unidas, bajo organizaciones no gubernamentales se cuentan de todo tipo, incluso aquellas del sector privado. Por supuesto que no puede ser de otra manera, sin embargo a menudo supone un reto para los sectores más progresistas. En este sentido, uno de los ejemplos más claros suele ser el tema de la salud sexual y reproductiva. Y esta vez tampoco ha sido la excepción, con la existencia de varios grupos pro-vida acreditados en la reunión que, junto con la posición del representante estadounidense (la voz cantante), llamaba a la cautela a la hora de intentar abrir el borrador de acuerdo final para fortalecer el lenguaje en este sentido (y es que lo mismo abrir un párrafo del texto puede suponer acabar con un lenguaje mucho más conservador, si por ahí ha ido el equilibrio de fuerzas).
El caso es que – inesperadamente – ya he tenido la oportunidad de hablar con varias de estas activistas (en su mayoría jóvenes universitarias haciendo gala de un espantoso lavado de cerebro, también en versión George Bush y su personal contienda en Irak) que han acudido a mi tal que moscas a la miel, con los ojos clavados en mi creciente curva. La primera me la pillado por sorpresa y mi reacción ha sido coger todo folleto y más para evitar que fuera a parar a otras manos. Al segundo – cristiano, pro-vida y pro-familia – que me ha hablado de su labor de llevar asistencia sanitaria al mundo en desarrollo, le he preguntado por la sanidad pública estadounidense. Y lo que ha empezado siendo una anécdota ha resultado en que el rollo lo hemos soltado nosotros a las próximas dos pro-castidad, pro-vida representantes que han querido ver en mi a una potencial aliada. Debe haber corrido la voz o me decreció la curva porque desde entonces no hemos registrado otro intento de cooptación.